Conforme al decreto del Senado de la República, se conmemora el 21 de diciembre como el Día Nacional de la Cultura Maya. Sin embargo, esta fecha debería ser más que una celebración; debe ser un llamado a la acción. Es fundamental reconocer a aquellos hombres y mujeres que, con su vasto conocimiento de la naturaleza, los elementos y los animales, actúan como verdaderos guardianes de nuestra herencia cultural.
A menudo, estos custodios de la sabiduría ancestral son olvidados y limitados por un sistema que ignora su labor. Es un hecho lamentable que, en muchos casos, se ven obligados a ocultarse para proteger sus rituales, temerosos de la incomprensión y el rechazo. Ellos poseen un profundo entendimiento de cómo honrar a nuestra Madre Tierra, que también siente y necesita ser respetada.
La pregunta que surge es: ¿realmente celebramos a los mayas o les negamos el derecho a su hábitat? En una sociedad que a menudo prioriza el consumo, el materialismo y el estrés de un día a día en lugar de aprender a conectar con la esencia de la vida, sintiendo desde el corazón y alineándonos con la frecuencia de otros seres vivos. La cultura maya no es solo un legado del pasado; es una guía vital para el futuro.
Cada 21 de diciembre debería ser un momento para agradecer y honrar a través de las ceremonias mayas, legadas por nuestros antepasados, reconociendo que tenemos aire para respirar, tierra para cultivar, fuego para calentar y agua para beber.
Un dato interesante es el legado arquitectónico y arqueológico donde se pueden ver las hermosas estructuras mayas como es la pirámide de Chichén Itzá.
Este año, en el marco de la conmemoración del Año Nacional de los Mayas, es crucial reforzar estas costumbres.