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5.03 de la madrugada. Aún no puedo desprenderme de tu maravillosa y espectral fragancia en el aire suspendida. No logro arrancarla de la superficie de mi piel entumecida. Como dolor fantasmal cuando en la parte desmembrada todavía se preserva la sensación adolorida, más allá de toda razón, motivo o circunstancia inusitada.

<w:t xml:space=»preserve»>Es el tatuaje imborrable; la memoria abyecta, obstinada en reavivar la llamarada incandescente de tu inenarrable ausencia al haber sido sustraído del suceso memorable. Cuando el silencio responde a la pregunta que nadie ha soltado y que arremete implacable entre los lindes que separan el pasado de lo incognoscible.

<w:t xml:space=»preserve»>La pátina que el tiempo ha hecho. La huella indeleble, enamorada. La muesca en el hipocampo que se revuelve inquieta sobre su lecho. Última morada del alma en pena cuyo fracaso en su lamento se imprime como ráfaga que esconde su asecho. Intransigente, ajena. Flotando en limbo como detestable deshecho.

</w:r><w:r w:rsidR=»007627F4″><w:rPr><w:rFonts w:ascii=»Times New Roman» w:hAnsi=»Times New Roman» w:cs=»Times New Roman»/><w:sz w:val=»24″/><w:lang w:val=»es-ES»/></w:rPr><w:t>La expresión lánguida bajo toneladas de promesas incumplidas. Escombros que una vez se irguieron entre torrentes de caricias ininterrumpidas. De arrumacos y otras pasiones en la impudicia diluidas. Ocaso de una historia que no puede contarse sin alegrías. Sin pena ni desdén ni esa veta inagotable de sonrisas arremetidas.

</w:r><w:r w:rsidR=»00EE7516″><w:rPr><w:rFonts w:ascii=»Times New Roman» w:hAnsi=»Times New Roman» w:cs=»Times New Roman»/><w:sz w:val=»24″/><w:lang w:val=»es-ES»/></w:rPr><w:t>El semblante pétreo, marmóreo, níveo en grado embriagante. Los ojos encendidos como brasas de carbón incandescente. Tu silueta enclavada al filo de un acantilado insondable, alucinante. Entre la razón y la locura incipiente. Entre lo inefable y el vacío insustancial que se balancea al filo de tu abismo inescrutable.

<w:t xml:space=»preserve»>Son migajas que insinúan el camino. Allí donde se nos torció el destino. Donde se desdibuja la senda de lo transcurrido entre migas que me dejaste con ademán mohíno. De ida y vuelta tras el aroma divino. El que se lleva el viento entre estelas de un fugaz remolino.

</w:r><w:r w:rsidR=»002733C2″><w:rPr><w:rFonts w:ascii=»Times New Roman» w:hAnsi=»Times New Roman» w:cs=»Times New Roman»/><w:sz w:val=»24″/><w:lang w:val=»es-ES»/></w:rPr><w:t>El sueño quebrantado, agonizante. Fatigado, sollozante. El espíritu que, delirante, se yergue inquebrantable ante la indiferencia de un impávido semblante que mira hacia adelante sin volverse ni por un instante. Sin sucumbir al paso trepidante. Sin atisbar la figura que se pierde como el sol tras un horizonte enajenante.

</w:r><w:r w:rsidR=»00D50E93″><w:rPr><w:rFonts w:ascii=»Times New Roman» w:hAnsi=»Times New Roman» w:cs=»Times New Roman»/><w:sz w:val=»24″/><w:lang w:val=»es-ES»/></w:rPr><w:t>La punzada que rezumo cuando al encontrarte te vuelves de humo. Cuando nada es suficiente para sofocar la mecha que arde incesante. Que acecha como inexorable baluarte. Un embuste que jamás asumo. Cuando retiras tu esplendor en mitad de la tempestad amenazante. A las 5.03, cada madrugada al extrañarte.

Manipulación de las cosas

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