En un concierto íntimo, cercano y entre regios, el trío Camila marcó el arranque de su gira del adiós en México.
Después de más de dos décadas de historia —23 años desde su formación— Camila se despide de los escenarios, aunque sus integrantes han aclarado que podría no ser un adiós definitivo. Y eligieron a Monterrey para iniciar su recorrido en nuestro país, con una noche llena de recuerdos.
Fue el pasado 24 de octubre en una velada de canciones emblemáticas, de esas baladas románticas con las que nos hemos enamorado y que han marcado a varias generaciones. Sin duda, temas como Mientes, Bésame, Coleccionista de canciones y, por supuesto, con la que cerraron y no podía faltar, Todo cambió, hicieron que el Domo Care coreara de principio a fin.
Durante la noche, Samo y Mario Domm interactuaron con el público de una manera muy cercana, invitándolos a cantar, jugando, chocando las manos de quienes estaban más cerca del escenario. Entre el público se encontraba familia y amistades de Mario Domm, quienes vinieron a apoyarlo desde Torreón.

Entre canción y canción, el concierto se vistió con videos de cuando iniciaron, de los sueños que tenían cuando aún no eran famosos, de hasta dónde querían llegar. Se compartieron declaraciones muy emotivas de sus familias, incluyendo palabras de la mamá de Pablo Hurtado —el guitarrista del trío— y recuerdos de cómo han crecido no solo como artistas, sino como seres humanos, como el momento en que Mario Domm se convirtió en papá.
“El amor a la vida existe en los pequeños momentos, como esta noche”, dijo Samo, en una de las frases más emotivas de la velada. Mario Domm, por su parte, recordó que sería “una noche para recordar muchos momentos”.
A pesar de iniciar con cerca de 50 minutos de retraso, cada instante valió la pena. El público coreó, disfrutó y gritó cada canción completa, mostrando por qué Camila ha conquistado tantos corazones a lo largo de estas dos décadas. Sobre el escenario se les vio gozando, disfrutando de un concierto romántico que tocó corazones.
Al despedirse, comentaron lo difícil que era pensar que podría ser la última vez en Monterrey.
Texto y fotos: Cirenia Salazar