0
Please log in or register to do it.
Ilustración del relato
Ilustración generada con IA

En mi pueblo había una noche del año en la que todas las reglas cambiaban. La noche de Samhain.

Nadie caminaba por las calles después de la última campanada. Nadie dejaba velas encendidas en las ventanas. Nadie abría la puerta si alguien llamaba después de medianoche.

Y mucho menos pronunciaba la palabra prohibida: Samhain.

Cuando en mi infancia cuestioné aquellas reglas, nadie me explicó nada. Los adultos bajaban la mirada y los niños echaban a correr llorando. Todos temían algo, aunque con los años me pregunté si realmente sabían qué era aquello que tanto miedo les daba.

Me fui del pueblo a los dieciocho años y juré no volver. Sin embargo, después de la muerte de mi abuela, regresé a la casa donde había pasado mi infancia. La nostalgia me oprimió el pecho al ver el jardín donde tantas veces corrí, ahora abandonado. Las sábanas que cubrían los muebles parecían envolver también mis recuerdos. El silencio, en cambio, me observaba.

En el ático encontré un cuaderno viejo. Eran anotaciones de mi abuela sobre una sola noche del año: aquella en la que el velo entre los vivos y los muertos se vuelve más delgado.

Sentí un escalofrío cuando leí lo siguiente:

«Nos han hecho creer que debemos temer a los muertos. Pero los muertos no son el peligro, sino lo que recuerdan».

Seguí leyendo, horrorizada, ante la siguiente confesión:

«Mientras veía arder, sobre la leña verde, el cuerpo aún vivo de Saelith, comprendí que yo era la principal responsable de aquella cruel injusticia. La acusé de bruja cuando solo hacía el bien con sus hierbas».

Sentí un dolor en el pecho, pero continué mi lectura:

«Temí por mi vida y por los míos. Guardé silencio. Cerré puertas y ventanas. Y todos juramos no volver a abrir jamás el portal que nos llevara hacia los muertos».

Aún no podía creer que esa regla que todos respetaban había sido impuesta por mi abuela y que ella fuera causante de la muerte de un inocente.

El reloj dio las doce en punto. Escuché tres toques suaves en la puerta. Encendí una vela y abrí las ventanas de par en par, faltando por primera vez a esta regla.

Una carcajada de mujer me erizó el cuerpo y poco a poco fue perdiéndose a lo lejos.

Comprendí que esa noche de Samhain los muertos habían regresado para contar la verdad.

OMPT cumple 15 años impulsando las historias que construyen los destinos turísticos
El día después

Reactions

0
0
0
0
0
0
Already reacted for this post.

Reactions

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *