¿Has sentido que estás atascado, como si tuvieras un montón de ideas y posibilidades, pero todo estuviera en pausa o en un limbo extraño?
Es como tener un motor afinado, lleno de combustible, con todo el mundo esperándote allá afuera, pero click, click… no arranca. Y es frustrante, irónico y hasta un poco cruel, porque sabes que tienes con qué —experiencia, ideas, visión—, pero hay como una especie de “freno invisible” que no sabes quién puso, ni dónde está.
Y lo peor: cuanto más lo buscas, más se esconde. Es como querer atrapar aire con las manos. En ese punto, cualquier impulso que no tenga chispa se siente… plano.
¿Qué pasaría si por hoy no buscaras avanzar, ni encontrar nada, y solo inventarás algo inútil? Algo sin propósito, sin meta, sin expectativa. A veces, apagar la brújula es lo que hace que el camino vuelva a aparecer solo.
Ya que estamos en este extraño limbo… ¿Jugamos con la imaginación?
Te lanzo un reto absurdo: escribe el eslogan de una tienda que vende nubes —literal, nubes—, y dime qué tipo de nubes hay en su catálogo. ¿Nubes para dormir? ¿Nubes que llueven ideas? ¿Nubes de risa?
Yo ya tengo mi producto estrella:
Cobertor de nubes que abrazan el alma
Para almas cansadas de sentirse limitadas por su propio potencial.
Cobíjate en la neblina que acaricia sin peso, sin juicio, sin tiempo.
Con la garantía de la ligereza para liberar tu luz interior.
¿Absurdo? Tal vez. Pero por lo menos enfocaste tu energía en algo que dibuje una sonrisa en tu rostro.
Recuerda que este momento no es estático, es como navegar en tu propio velero: a veces el viento sopla fuerte, a veces no hay ni una brisa. Y justo en esa calma rara, uno se siente desconectado. Pero esa desconexión puede ser el espacio donde nace lo nuevo, lo que no estaba en tus planes.
No te estás perdiendo, te estás reacomodando. Y mientras te reacomodas, acuéstate en tu nube favorita. Hoy no hay prisa, solo cielo.
Es el alma diciendo: “no quiero más metas, tan solo quiero expandir mi luz… esta vez.”