Recién escuché un mensaje de mi pequeña, preguntándonos si llegaremos tarde. Es un audio que envió a su mamá a través del teléfono de la abuela, mientras nosotros estábamos en otras actividades fuera de casa.
Su voz me ha consternado. Pienso que a veces tomamos decisiones como adultos sin considerar la mirada de nuestra pequeña y aunque nos damos cuenta en varias ocasiones, decidimos minimizar la experiencia de los ojos chiquitos de nuestra hija.
Cuando volvimos, ya estaba acostada en su cama. Yo sentí raro porque generalmente cuando se va a dormir, al menos uno de nosotros está con ella. Pero esta ocasión cuando llegamos, se encontraba sola en la habitación que nos asignaron.
Realmente la actividad fuera de casa no exigía que estuviésemos ambos, pero hemos minimizado la mirada de los ojos chiquitos de nuestra amada hija.
Los ojos chiquitos de mi hija miran diferente, sienten diferente y consideran diferente al mundo adulto. El mundo gira en torno a su experiencia a través de sus padres.
Cuando ella esta habituada a estar acompañada, sus emociones y sensaciones son genuinamente cambiadas cuando dicha rutina se rompe.
Los ojos chiquitos de mi hija podrían estar mirando abandono donde yo solo observo el cumplimiento de un compromiso. Podría estar experimentando temor, donde yo solo pretendo extender el tiempo de mis compromisos que no le consideran.
La sensación de abandono es una de las experiencias que durante la niñez lacera de manera importante la construcción de un futuro esperanzador.
Los ojos chiquitos de mi hija tienen memoria, quizás algunas experiencias de la vida adulta estén limitadas por el compromiso con otros adultos, pero vale la pena entender que el principal compromiso con otros adultos se limita cuando hay pequeños en casa, ellos son prioridad.
La memoria esta íntimamente conectada con las emociones, definitivamente deseamos que los mejores recuerdes de la infancia no estén vinculados al dolor y a la negligencia.
Los ojos chiquitos de mi hija tienen oídos, así que vale la pena escuchar mas y entender mejor lo que ella me dice que mira. Son sus ojos los que pueden ayudarme a entender mejor su mundo y las distintas miradas que tiene sobre el mundo que le rodea.
La expresión de mis palabras también tiene sentido para explicar lo que haya que explicar y escucharle ayuda para que yo conecte mejor, si fuese necesario alejarme temporalmente de ella, cuando tenemos actividades fuera de casa y por alguna razón ella no puede acompañarnos.
Los ojos chiquitos de mi hija tienen piel, por lo tanto la necesidad de tocar y sentir que la otra persona se encuentra cerca, se vuelve imperativo cuando es parte de sus necesidades de afecto.
Lo mínimo que puedo hacer es abrazarle, besarle y con mis manos tocar sus manos para comunicar mi cariño, mis intenciones y expresar que estoy presente. Quizás de este modo mi ausencia, cuando fuese necesaria, minimizaría su impacto en todo sentido.
Los ojos chiquitos de mi hija son de otro mundo y es mi responsabilidad como padre, visitar ese mundo… frecuentemente.
Tan frecuentemente que mi comprensión sobre su mundo sea una experiencia cotidiana, cuyas rutas para transitar, se conviertan en una forma de transitar como adulto.
Los ojos chiquitos de mi hija, también son mis ojos chiquitos, como adulto.