Hoy en la mañana mientras caminaba por las calles de Iztapalapa. Percibí una tristeza generalizada, no nos hacían falta vecinos, ni familiares, pero el ambiente es tan parecido a una pérdida cercana, un dolor que te atraviesa el cuerpo, que te impide caminar, enfilamos nuestros pasos al hospital de la comunidad europea y en medio de toda esta locura de los medios de comunicación que nos bombardean con imágenes repetidas de notas periodísticas que se quedan cortas, el ser humano en toda su magnificencia se mostraba a cada metro.
Por allá una familia compuesta por dos mujeres adultas mayores, una mujer joven acompañada de su esposo y su hijo, se turnaban para cargar los panes y las ollas de café, que repartían a los familiares que se encontraban sentados en las banquetas, en otro lugar frente al Hospital General de Zona, se nos acercó una mujer de mediana edad, para ofrecernos dulces y sándwich, todos dispuestos a dar una mano, a hacer más llevadera la pérdida, el dolor, a decir con hechos “No estás solo”.
Me preguntó como hace la población más pobre y marginada ¿Cómo se las arregla, para compartir el poco o escaso recurso material que tiene?
¿Dónde están nuestros representantes populares, los diputados aquellos que de manera oportunista tocaban en tiempos electorales, a la puerta del hogar prometiendo el oro y el moro?
Es muy fácil dar condolencias a distancia, decir me solidarizo con sus pérdidas, mientras se toman fotos en lugares que están vetados para el grueso de los iztapalapeños.
Es hora de mostrar que realmente defienden nuestros intereses señores Diputados y Senadores, servidores públicos, no con palabras, con ACCIONES.
Las calles siguen apareciendo sucias, el tráfico es pesado, los empleados de la alcaldía siguen trabajando en sus obras programadas previamente, parece que hoy la vida tiene que seguir, como si nada hubiese pasado.
No somos una población que se asemeje a un botín de guerra dispuesto para que autoridades o funcionarios vengan a tomarse la foto, somos personas que sentimos. Nuestro sentir es de enojo y rabia porque las cosas no funcionan como deberían funcionar, personas que callamos, pero cuando se deciden a hablar levantan la voz tan fuerte, que nunca más permitiremos atropellos, almas que se unen formando la cadena humana más chingona, que ninguna tragedia o autoridad pueda romper, aquí no hay poses, ni marcas de ropa, no hay ganancias calculadas, aquí vive la raza obrera de la ciudad, la sangre que alimenta las fábricas, que limpia los hogares de las “zonas bien”, acá la mal llamada “zona dormitorio”, es un ejemplo de solidaridad, aquí me enorgullezco de vivir.
Una energía me hace imparable, me hace no sentir miedo, pero después de lo que pasó ayer a distancia cercana a mi hogar, me he preguntado ¿Si me hubiera tocado a mí que hubiera pasado?
Hoy tengo la respuesta, alguien que no me conoce, que no sabe mi nombre, ya me estaría buscando, estaría ayudando a mi familia a encontrarme, a llevarme al hospital, a cubrirme del frío o de la lluvia, a sentarse en la banqueta afuera del hospital para saber que todo o lo que sea, acá en Iztapalapa nunca se pasa en solitario, siempre está no una, mil manos, hombros y ojos dispuestos a ser solidario con la tragedia humana, Iztapalapa raza de bronce tan bella.