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Reflexiones desde la regadera
Por Trodos Canbol

El vapor sube lento, bailando sobre mis hombros.
El agua cae con una temperatura casi perfecta, como si conociera el tipo de día que tuve. Tal vez lo sabe. El calentador inteligente detectó que volví más tarde de lo habitual, que la presión atmosférica bajó, que mi ritmo cardíaco está un poco más acelerado.
Y aquí estoy: piel, pensamiento y código.
Ducha caliente, mente encendida.

1. El calor de lo invisible
No programé nada. Solo abrí la llave. Pero la inteligencia artificial del calentador ya aprendió cuánto frío tolero, cuánta presión prefiero. No es magia, es aprendizaje automático. Reconoce patrones, mide mis elecciones, me adapta. ¿Es comodidad o dependencia? Me dejo llevar… hoy elijo no pensar demasiado.

2. El algoritmo que elige por mí
Cuando salgo de aquí, Spotify ya me tendrá una lista lista. «Para relajar después del baño», quizás. ¿Cómo lo sabe? Porque siempre busco jazz o piano después de ducharme. No me pregunta, solo me ofrece lo que “sabe” que me gusta. ¿Dónde termina mi voluntad y dónde comienza su predicción? A veces no lo distingo. A veces tampoco quiero hacerlo.

3. El ojo que nunca parpadea
Mientras el agua corre, recuerdo que mi cámara de seguridad—sí, esa que detecta movimiento y manda alertas—me notificó que el perro volvió a casa hace unos minutos. Mi celular me lo dijo sin que lo pidiera. Inteligencia artificial cuidando lo cotidiano. Vigilancia constante, sin pausas, sin sueño. Me protege… aunque también me observa.

4. El calendario que me guía
Afuera, en la cocina, mi asistente de voz ya tiene listo el recordatorio de la noche: “No olvides mandar el correo a la editorial”. No lo anoté, lo dije en voz alta hace dos días. Y ella, la IA del hogar, lo registró. ¿Es ayuda? ¿O estoy externalizando mi memoria? ¿Dónde está mi mente cuando ya no necesito recordarlo todo?

5. El espejo que me filtra
Y si esta noche decido subir una historia en redes, ¿qué filtro usaré? Uno que alise mi piel, que agrande mis ojos, que me dé ese toque de “me veo bien sin esfuerzo”. ¿Soy yo? ¿O la versión de mí que el algoritmo sabe que genera más reacciones? La IA también habita en mi rostro, en mi imagen, en mi reflejo.

El agua cesa. El silencio es húmedo.
Toco el vidrio empañado y escribo con el dedo una sola palabra: yo.
Pero ese yo ya no está solo.
Está acompañado, ajustado, afinado por inteligencias artificiales que no se ven, pero que me moldean cada día un poco más.

La IA ya vive conmigo.
Y lo más curioso es que a veces lo olvido.

Desde la regadera y la reflexión,
Trodos Canbol

#IAcotidiana #TecnologíaDiaria #IAReal #AsistentesVirtuales

Hoy es el mejor día de tu vida
Inteligencia Artificial Cotidiana

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