En el corazón de Sotuta de Peón, donde el aire huele a campo y tradición, el dulce no solo se saborea: se cuenta, se trabaja y se hereda. Ahí, entre cocinas de leña y manos pacientes, vive una historia que se cocina a fuego lento desde hace generaciones.
“Ya llevo más de diez años”, dice Elmer Mizael Euan Caan, con la serenidad de quien ha repetido el mismo ritual cientos de veces.
Su voz no solo narra su experiencia, sino la de toda una comunidad que ha encontrado en el azúcar, el coco y la pepita una forma de vida. «Un oficio que endulza la memoria».
Identidad en cada bocado
En Sotuta de Peón, la dulcería es más que comercio: es identidad. Aquí nacen sabores con carácter propio y origen artesanal:
- Merengue de coco.
- Dulces de pepita.
- Chugos rellenos de crema pastelera.
- Tamarindo enchilado.
El arte de no tener prisa
El proceso no tiene prisa. Puede tomar un día entero, dependiendo del clima, los ingredientes y la experiencia.
- El Coco: Se pela, se corta y se sancochan sus trozos antes de alcanzar el punto exacto con azúcar (el famoso casnate).
- La Calabaza: Se lava y se cuece lentamente hasta transformarse en una miel espesa que guarda el sabor de la tierra.
- El Tamarindo: Baja directo del árbol, se mezcla con chile y se envuelve para lograr el equilibrio entre lo dulce y lo ácido.
Todo es hecho a mano. Todo lleva tiempo. Todo tiene historia.
Dulces que viajan: Una logística de esfuerzo colectivo
El viaje del dulce no termina en la cocina. Cada fin de semana, las familias se organizan para expandir la tradición:
- Transporte: Consiguen un flete o vehículo compartido.
- Destino: Parten hacia la costa y los pueblos cercanos.
- Distribución: Se dejan a los integrantes en distintos puntos estratégicos.
La economía aquí también es artesanal: se construye día a día. Algunos viven exclusivamente de esta venta; otros combinan este oficio con uno o dos trabajos más. Los precios son modestos —desde 10 hasta 30 pesos—, pero el valor cultural es incalculable.
Un legado que resiste al olvido
Se estima que gran parte de los dulces tradicionales que circulan en la región provienen de este pequeño rincón de Yucatán; sin embargo, pocos conocen su origen. Sotuta de Peón resiste al olvido.
El llamado es claro: apoyar a quienes mantienen viva esta tradición. Asociaciones, fundaciones y gobiernos tienen en sus manos la oportunidad de fortalecer este legado que, silenciosamente, ha endulzado generaciones enteras.
Porque en Sotuta de Peón, el dulce no es solo un sabor: es un orgullo que se comparte.
¡Un legado que merece ser visto!