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El recuerdo me visita

Y heme aquí
Nuevamente.
Pero distinto.
Más relajado.
Agradeciendo al Dios en el que confío.
El que inventa en mí otra manera de pensar.

Heme aquí, en la pasarela infinita de personas:
figuras, atuendos, gestos,
rostros que cambian como estaciones.

Observo. Degluto instantes como si fueran granos de arena.
Mientras tanto, la torta.
La que hizo mi esposa.
Cada mordisco es victoria.
Cada bocado: una prueba de fe.

Estoy vivo. Existo. Soy.
Pero también…
la nostalgia me toca el hombro.
El recuerdo me visita.

La angustia me acaricia con sus uñas.
Y lloro en silencio,
y en ese llanto me reconozco,
porque en él habitan mis voces ocultas.

De pronto, lo veo.
Él.
Mi nieto.
Sonriente, corriendo, persiguiendo palomas.
Entonces me recobro.
El sentido vuelve.

La gracia de sentirme bendecido.
Pienso en mi hija.
En su fortaleza frente al diagnóstico que quiso quebrarla.

Rezaba. Rezó. Y el milagro llegó.
Su hijo, mi nieto, permanece a su lado.
Permanece conmigo.

Y heme aquí otra vez,
en este hospital que borra clases sociales,
donde todos los cuerpos se parecen,
donde la esperanza respira.

Heme aquí,
tomando la mano de mi milagro cotidiano,
dando alimento a los pájaros,
ellos que nada saben del futuro,
ni del qué dirán.

Es hora de volver a casa.

Edgar Landa Hernández.

Dia del abuelo
¿Preparar a los niños para una vida adulta?

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