El cuerpo me pica, la comezón crece y las manos están inquietas. Las piernas también, pero a veces solo el dedo gordo de cada pie.
También la boca se reseca, pero tomar agua podría quedar en el olvido. De la digestión ni se diga, a veces ni como. Pero que tal los gases, constante molestia durante todo el día.
En el cabello frecuentemente me estoy pasando las manos de adelante hacia atrás, simulando que me peino o para rascarme.
Los ojos podrían resecarse, porque casi no parpadeo y si lo hago, podría ser en exceso.
Mi nariz hace un pacto con mi mano. Se tocan frecuentemente y todo justifica el constante arropo del índice y el pulgar.
A veces tengo mancha rojizas en algunas partes de mi cuerpo. Son temporales, ya que otros días noto que ya no están, a veces en forma repentina se van o llegan.
Los hongos en los pies aumentan, hasta parece que mi sistema inmunológico se debilita. La piel de la planta de mis pies, se cae fácilmente. La humedad aumenta porque el sudor es mayor. Aparece el olor típico de células muertas en la zona de extremidades: huele a pies o para otros, apesta.
Y de la digestión, mucho que decir, pero recalco la pobre saciedad que se obtiene o la dificultad para masticar con calma o con tranquilidad para que el bolo sea tragado en forma sincrónica con la respiración y la salivación. Incluso aparecen los atragantamientos.
En la desesperación, aparece la incertidumbre y las confusiones. Los perfeccionismos y la irritabilidad. Los desencantos y la angustia. Las tensiones y la poca tolerancia.
También se hace notar la verborrea, las parestesias, las repeticiones conductuales y los desajustes emocionales. Se suman la hipoxia y las acciones viscerales.
En la desesperación, derrotarse delante de aquello que se mira como una amenaza, puede marcar una gran diferencia. Reconocer que ya no puedo seguir luchando contra algo mas grande, tiene sentido. Al mismo tiempo que invoco a mi Dios. Que se quede en mi mente para que me ayude a recuperar la esperanza con la que comúnmente lo cotidiano se disfruta.
Viene a mi mente la metáfora del diluvio. Donde un desajuste global, no impidió que al final, un arco de colores en el cielo, citará una de las promesas más impactantes en la vida del ser humano: algo mejor está por venir.
La desesperación tiene el tiempo contado. No estará conmigo para siempre.