Para ti bello ser humano que estás leyendo esto, no me voy a ir a las profundidades de la física cuántica, ni usar palabras rebuscadas de los sabios gurús de la espiritualidad.
Mi declaratoria es muy simple:
Mateo 22:37-39:«Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.»
La falta de amor no es muerte de amor. EL amor es una energía que nuestro cuerpo puede sentir, nuestra «máquina física» tiene la capacidad de vivir en multiples dimensiones: por eso pensamos, escuchamos, hablamos, tocamos y ungüimos.
Por eso nos llaman seres de luz en cuerpos físicos, porque la energía (luz) de nuestro cerebro ejecuta los comandos de nuestra alma o nuestro ego y esto se transforma en nuestras acciones.
Amar a Dios o amarse a uno mismo, puede sentirse de la misma manera. Porqué es tan simple como agradecer el aire que entra a mis pulmones (gratis): doy gracias dios, por la mezcla perfecta de nuestra atmosfera rica en elementos y doy gracias a mi, por el reflejo de la respiración.
¿Mi? Hoy no voy a profundizar aquí, pero si después de esta nota me sigues leyendo te voy a contar mucho sobre lo que aprendí de Mi.
Back to love
Si llegaste hasta aquí es porque algo ya despertó dentro de ti, y me siento plenamente conmovido. Porque viene lo mejor, aquí es donde Dios te dice:
El amor que existe por ti nunca muere, yo te voy a amar por la eternidad. Con tus imperfecciones e impurezas, con tus logros y aciertos y con toda la ADMIRACIÓN que mereces.
«Con amor eterno te he amado» (Jeremías 31:3)
Hasta aquí debo parar por hoy, pero deseo compartirte un último regalo antes de que vayas a conquistar al mundo.
¿Qué vas a hacer con todo ese amor que sientes, que vas a hacer con todo ese amor que te da Dios?
Dios contigo, siempre.
MG7