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Hoy tuve un orgasmo literario el cual me dejo maravillada y feliz. Fue una candente tarde llena de letras, contenido excitante y rejuvenecedor.

Evoque la escritura de mi artículo con experiencias de placer orgásmico para textualizarlo y volverlo realidad. Fue una satisfacción, un deseo y una inspiración sensual y lujuriosa que lleno mi cuerpo al explotar mi ser en cientos de partículas.

Mi orgasmo literario se convirtio en sentimientos encontrados y sensuales donde la narración de la historia se dirigio intimamente a un ocaso de felicidad desmedida. Mi creación es la experiencia de un multiorgasmo de sabores, colores, texturas deliciosas y placenteras.

Labios candentes

Mis labios eróticos besan cada parte del artículo dejando explicitos aromas a frutas de la pasión con un climax que emana desde la profundidad de mi boca hasta lo más ardientes deseos incontrolables de un beso con cereza o un placido despertar entre el amor y el antojo más profundo.

Mis labios candentes se deslizan por unas letras interminables y acuosas, unos riachuelos húmedos y fríos llenos de una lujuria despiadada que llega al climax y se queda sintiendo el vaiven de unas palabras que reflejan la marea roja de la profundidad y el placer, en ese instante emerge y se vuelve uno solo.

El cuerpo del placer

Mi orgasmo literario poco a poco va moviendose lentamente con ahínco y felicidad extrema. Va convirtiendose en un clímax que recorre cada parte de mi artículo, cada página acaricio mi cuerpo y lo vuelvo una tempestad de movimientos extremos y voluntarios lo cual culmina en una exaltación de lava incandescente y una felicidad de amor.

Los sonidos silenciosos que intensifican la armonía crean símbolos envolventes llenos de música y parrafos que lentamente caminan hacía el fuego intenso.

Los sonidos del silencio son un coro invisible envolviendo cada parrafo con una melodía secreta y vivida. Las letras caminan despacio con pasos estimulantes hasta que el fuego las reclama y las convierte en llama.

Las letras se incendiaron, cada palabra fue un roce, cada parrafo un latido desbordado. El fuego se abrío paso hasta la última línea y en ese instante, todo se volvió uno:

cuerpo, deseo, escritura,

un climax eterno que aún respira en la piel del lector.



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