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Bajo el cielo ancestral de la península de Yucatán, donde el tiempo parece moverse al ritmo del cosmos, un custodio de Chichén Itzá comparte una mirada distinta sobre uno de los fenómenos más esperados del año: el equinoccio de primavera.

El Guardián nocturno, quien ha resguardado la zona arqueológica durante más de dos décadas en turno nocturnal, no solo vigila las estructuras mayas; también observa el cielo, sus ciclos y los mensajes que parecen descender con la luz.

“Siempre nos fijamos en los movimientos del sol, las estrellas y las constelaciones durante todo el año”, relata.

Para él, estos desplazamientos no son casuales: responden a un equilibrio profundo que los antiguos mayas comprendieron y plasmaron en piedra. Ese equilibrio se refleja en el dualismo: luz y oscuridad, día largo y día corto, norte y sur. Todo ello quedó integrado en la construcción de El Castillo (Pirámide de Kukulcán), diseñada como un observatorio vivo del cielo.


El inicio silencioso del fenómeno

Contrario a la creencia popular que fija el 21 de marzo como el día clave, el custodio asegura que el espectáculo comienza mucho antes. Desde mediados de febrero, la pirámide empieza a revelar discretamente los primeros triángulos de luz y sombra sobre su escalinata.

La evolución de los triángulos:

  • Finales de febrero: Ya se pueden ver cinco triángulos.
  • Marzo: Aumentan a seis.
  • Día del equinoccio: Llegan a siete.
  • Primeros días de abril: El fenómeno continúa evolucionando hasta alcanzar los nueve triángulos.

Más allá de la fecha: una experiencia prolongada

Esta observación rompe con la idea de que el equinoccio es un evento de un solo día. En realidad, se trata de un proceso gradual que puede apreciarse durante semanas.

  • Periodo ideal: “El momento ideal para verlo bien es días antes y hasta semana y media después”, señala el Guardián.
  • Variación de horario: Advierte que el horario cambia; mientras el 21 de marzo la serpiente luminosa aparece alrededor de las 4:45 de la tarde, en días posteriores ocurre más tarde, cuando la zona arqueológica ya ha cerrado al público.

Un mensaje tallado en luz

Más que un espectáculo visual, el descenso de la serpiente de luz en la pirámide representa una conexión entre el conocimiento ancestral y los ciclos naturales.

Para quienes observan con atención —como lo ha hecho este custodio durante 22 años—, el equinoccio no es un instante, sino un diálogo continuo entre el cielo y la tierra. Así, en Chichén Itzá, la luz no solo marca el paso del tiempo: lo revela lentamente, en forma de triángulos que, día tras día, construyen una serpiente que nunca aparece de golpe… sino que se deja descubrir.

Bajo el cielo ancestral de la península de Yucatán, donde el tiempo parece moverse al ritmo del cosmos, un custodio de Chichén Itzá comparte una mirada distinta sobre uno de los fenómenos más esperados del año: el equinoccio de primavera.

El Guardián nocturno, quien ha resguardado la zona arqueológica durante más de dos décadas en turno nocturnal, no solo vigila las estructuras mayas; también observa el cielo, sus ciclos y los mensajes que parecen descender con la luz.

“Siempre nos fijamos en los movimientos del sol, las estrellas y las constelaciones durante todo el año”, relata.

Para él, estos desplazamientos no son casuales: responden a un equilibrio profundo que los antiguos mayas comprendieron y plasmaron en piedra. Ese equilibrio se refleja en el dualismo: luz y oscuridad, día largo y día corto, norte y sur. Todo ello quedó integrado en la construcción de El Castillo (Pirámide de Kukulcán), diseñada como un observatorio vivo del cielo.


El inicio silencioso del equinoccion en Chichén Itzá

Contrario a la creencia popular que fija el 21 de marzo como el día clave, el custodio asegura que el espectáculo comienza mucho antes. Desde mediados de febrero, la pirámide empieza a revelar discretamente los primeros triángulos de luz y sombra sobre su escalinata.

La evolución de los triángulos:

  • Finales de febrero: Ya se pueden ver cinco triángulos.
  • Marzo: Aumentan a seis.
  • Día del equinoccio: Llegan a siete.
  • Primeros días de abril: El fenómeno continúa evolucionando hasta alcanzar los nueve triángulos.

Más allá de la fecha: una experiencia prolongada

Esta observación rompe con la idea de que el equinoccio es un evento de un solo día. En realidad, se trata de un proceso gradual que puede apreciarse durante semanas.

  • Periodo ideal: “El momento ideal para verlo bien es días antes y hasta semana y media después”, señala el Guardián.
  • Variación de horario: Advierte que el horario cambia; mientras el 21 de marzo la serpiente luminosa aparece alrededor de las 4:45 de la tarde, en días posteriores ocurre más tarde, cuando la zona arqueológica ya ha cerrado al público.

Un mensaje tallado en luz

Más que un espectáculo visual, el descenso de la serpiente de luz en la pirámide representa una conexión entre el conocimiento ancestral y los ciclos naturales.

Para quienes observan con atención —como lo ha hecho este custodio durante 22 años—, el equinoccio no es un instante, sino un diálogo continuo entre el cielo y la tierra. Así, en Chichén Itzá, la luz no solo marca el paso del tiempo: lo revela lentamente, en forma de triángulos que, día tras día, construyen una serpiente que nunca aparece de golpe… sino que se deja descubrir.

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